Desde hace al menos treinta años las empresas han ido, tímidamente la mayoría, con más decisión las menos, incorporando las nuevas tecnologías a sus procesos de negocios. Aunque al principio puede haber sido una moda más que un cambio profundo y era muy común ver secretarias tecleando en un PC lo mismo que años atrás tipeaban en una máquina de escribir, con la única diferencia que ahora podían jugar al solitario en sus ratos de ocio; poco a poco ha ido dando paso a una realidad en que las tecnologías de la información y la comunicación (TICs) ya forman parte esencial de la infraestructura de cualquier empresa por pequeña que sea. Hasta el microempresario, muchas veces posee un computador personal que usa, aunque sea sólo para recibir y enviar mail. Por otra parte, para muchos profesionales independientes, hoy en día las hojas de cálculo (como las que se pueden crear usando Microsoft Excel) constituyen la herramienta de trabajo principal sin la cual sencillamente no podrían llevar a cabo sus actividades.
En este escenario surge entonces la necesidad darwiniana de diferenciarse de la competencia y es así como muchas empresas líderes en el mundo entero están usando lo que se ha denominado la “analítica de negocios” (business analytics). Tal vez el ejemplo más conocido sea Amazon, la famosa librería virtual que ha ampliado su rubro y actualmente vende productos de toda índole y no solamente libros. Todos quienes hemos comprado en Amazon sabemos por experiencia propia que el sitio está permanentemente indicándonos qué cosas nos podrían interesar, invitándonos a ponerle nota a los productos que tenemos y hasta a compartir nuestras experiencias con otros potenciales compradores.
No es difícil imaginar el volumen de datos que Amazon maneja y que le puede permitir basar muchas decisiones estratégicas en análisis riguroso de dicha información. El día de mañana, por poner un ejemplo extremo, Amazon puede decidir dejar de vender libros para concentrarse en sus otros productos, siempre y cuando esa decisión no responda a un mero capricho de un gerente descabellado sino que sea producto de un análisis concienzudo de los costos y beneficios involucrados en tal decisión, a la luz no sólo de los datos que la empresa ha conseguido de sus propios clientes, sino que también a la luz de otros datos que sus expertos en analítica pueden haber recabado del “mundo exterior”.
Lo interesante es que no sólo empresas punto com están haciendo uso de esta idea de la analítica de negocios, sino que todo de tipo de empresas ligadas o no al mundo de las TICs. Desde hoteles hasta vitivinícolas, clínicas y hospitales, líneas aéreas y tiendas de retail. Todas las empresas líderes están usando los mares de datos que las TICs les han provisto para alimentar simulaciones y estudiar correlaciones matemáticas, todo con el fin de tomar decisiones más firmes y sobre bases más sólidas que una simple tincada.
Pero hay un aspecto al que Chile podría prestar especial atención si queremos de verdad retomar el camino al desarrollo que alguna vez caminamos. Muchas de estas empresas tienen su casa matriz en EE.UU., país que no está preparado para responder a la alta demanda de expertos en analítica de negocios que ellos mismos han generado. Y, aunque los ojos ya están puestos, naturalmente, en China e India, que claramente se vislumbran como los salvavidas más inmediatos ante esta verdadera crisis que se anticipa, un grave problema permanece: la distancia geográfica, o - mejor dicho - la incapacidad de responder en tiempo real debido a las diferencias horarias.
Así es, porque aunque una empresa como AIG externalizara su “laboratorio de analítica” a un país como China o India, al hacerlo estarían perdiendo la capacidad de respuesta instantánea que sólo es posible cuando la diferencia horaria es mínima. Chile, por el contrario, cuya hora continental coincide casi todo el año con la hora de Washington, no tiene ese problema. En otras palabras: un conjunto de laboratorios de analítica ubicados en Santiago, Valparaíso, Concepción o Talca, por poner algunos ejemplos, serían capaces de interactuar en tiempo real con la plana directiva de empresas ubicadas en Miami o en Silicon Valley, sin que los gringos tengan que esperar al día siguiente para saber si deben o no tomar esa decisión por la que consultaron.
Esta bien podría ser descrita como la oportunidad del siglo para Chile. Y para aprovecharla ya estamos haciendo lo correcto: paradojalmente, acortar los programas de ingeniería civil a 5 años - como en cualquier país civilizado, incentivar el estudio del inglés, especialmente entre los estudiantes de ingeniería. Sólo nos falta agregar un último ingrediente a esta receta: generar expertos en analítica de negocios altamente calificados y bien conectados con EE.UU. Para ello, basta con que desde ya vayamos seleccionando a los mejores ingenieros civiles y comerciales para que vayan a EE.UU. a estudiar este tema en programas de postgrado. Sería una inversión minúscula en comparación con los beneficios que nos podría dar. Sería una inversión focalizada en nuestro capital más valioso: nuestra gente. Si no lo hacemos, veremos una vez más pasar el tren del desarrollo desde el andén de los que se quedaron abajo.
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