Fernando Flores y John Gray, en “El Espíritu Emprendedor y la Vida Wired: El Trabajo en el Ocaso de las Carreras”, señalan certeramente que el deterioro de la carrera profesional como institución es una consecuencia inevitable del surgimiento de las economías basadas en el conocimiento, ya que una educación técnica única ya no basta para tener éxito en economías que permanentemente sufren revoluciones de las nuevas tecnologías de la información. Sin embargo, otorgar entrenamientos para cambiar a nuevas carreras es una respuesta vacua al ritmo, la escala y la profundidad del cambio al que nos enfrentamos. Por el contrario, lo que se necesita es un nuevo enfoque emprendedor para prepararse para la vida laboral y una transformación profunda de la educación.
En su estupendo artículo, Flores y Gray nos recuerdan que, durante la segunda mitad del siglo pasado, las carreras proporcionaron una posición de empleo formal en una cultura profesional establecida y, para muchos, progreso dentro de la jerarquía de una organización. Ya sea en leyes, medicina, industria, gobierno o cualquier otro dominio en los que las carreras florecieron, la carrera de cada cual avanzaba al incrementarse el conocimiento y las aptitudes especializadas.
En estos respectos – señalan – el papel que las careras desempeñaban en la vida laboral era similar al de la propiedad privada para conformar la identidad personal, como se describe en los escritos de Kant y Hegel. Al ocuparse de sí misma para obtener los conocimientos necesarios para ejercer una profesión o carrera, la gente era capaz de reconocer su propia identidad y de lograr que la comunidad reconociera esta identidad.
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Cuando la revista Time hizo una encuesta para determinar a las cien personas más influyentes del siglo XX, figuraron nombres tales como: Einstein, Fleming, Freud y los hermanos Wright, entre los que la gran mayoría conocía, y otros grandes científicos y pensadores no tan conocidos por el público general. Llama la atención que en dicha lista no figurara el nombre de Norbert Wiener; llama la atención porque mucho se habla de que vivimos en medio de la revolución cibernética, se le compara con alguna frecuencia con la revolución industrial y frecuentemente se la asocia a los desarrollos tecnológicos de la informática e internet. En efecto, el escritor de ciencia ficción William Gibson ha popularizado el término ciberespacio para denotar aquel ambiente de realidad virtual que representa el uso de las telecomunicaciones digitales. Poco se sabe del significado original de la palabra Cibernética, poco se sabe de Norbert Wiener, considerado por los eruditos como el padre de la misma y el científico más importante del siglo XX. Por el contrario, la gran mayoría del público culto ha escogido a Albert Einstein como el pensador más influyente del siglo.
Para los que no lo sepan, este 19 de enero recién pasado fue publicada la 



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