Descubrimientos recientes nos llevan a la conclusión de que la meditación tiene, de hecho, efectos favorables en la salud de quien la practica con regularidad.
Si usted está leyendo este blog probablemente ya ha oído hablar de la película "¿Y tú qué sabes?" (What the bleep do we know?). Lo digo porque la mayoría de las personas interesadas en conocer acerca del vínculo entre ciencia y misticismo ya la han visto o, al menos, han oído hablar de ella. Pues bien, uno de los temas divulgados por ese "docudrama" es el trabajo de Masaru Emoto, quien básicamente afirma que la estructura fisicoquímica del agua puede ser alterada con el pensamiento. En principio yo no me cierro a esa posibilidad, por el contrario, soy un convencido de que los fenómenos psicokinéticos ocurren, toda vez que yo mismo he tenido al menos dos experiencias que creo califican como tal; sin embargo, y en honor a la verdad, hay que señalar que la mayoría de los científicos son muy críticos del trabajo de Emoto y creen que hay otras explicaciones más simples para interpretar esas mismas observaciones. En todo caso, el docudrama utiliza las hipótesis de Emoto para elaborar un argumento que - en buenas cuentas - es el siguiente: Nuestro cuerpo está constituido aproximadamente por un 60% de agua, si la mente puede hacer cambios en el agua, eso implica que la mente puede hacer cambios en nuestro propio cuerpo. Como digo, la interpretación que Emoto hace de sus observaciones ha sido ampliamente criticada, pero ese no es en sí mismo un argumento válido en contra de la existencia de fenómenos psicokinéticos y mucho menos de los fenómenos psicosomáticos que sí han sido documentados y confirmados desde muy antiguo.
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